domingo, 29 de julio de 2007

Inmunidad


"No es para tanto, por favor no me mires así", susurró. Preferí no contestarle, qué sabía él los límites que separan el tanto de lo poco. "Mirame a los ojos, es sólo levantar tu carita", insistió. Para él sería eso, para mí era un gran esfuerzo. Mi orgullo pesaba, se colgaba de mi cara y me impedía mostrarle lo poco que brillaban mis ojitos hoy. "Vamos, mirame, nos conocemos bien y quiero oir que piensas", dijo con calma y claridad.

A cada minuto sentía una metamorfosis en mí. Me comencé a marear, las malditas paredes se venian encima, yo me hundía en el piso, tal si fuera un verdadero pantano y todo tomaba autoridad, hasta el maldito basurero era mi superior y me demostraba lo miserable que era.

"No quiero hablar", mencioné sin la menor muestra de dolor. "No seas fría, a mi también me duele". "Pero tú tuviste el tiempo para aceptar, dame ahora mi espacio para poder asumir". "Como quieras, como tú quieras".

Me dió un beso, un beso en mi boca y se fue. Recuerdo que di media vuelta y calleron dos lágrimas de mis ojos, una cargaba el amor y la otro el odio... desde entonces soy inmune a él.

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