martes, 27 de marzo de 2007

Más que un simple espectador...


Cuatro historias de realidades completamente distintas, se ven conectadas por el simple disparo de un rifle. Nadie nos presenta a los personajes, no sabemos de donde vienen ni hacia donde van. Simplemente vemos imágenes: unos niños marroquíes, una pareja de estadounidenses, una nana mexicana, una joven japonesa… y antes de que podamos asimilar lo que pasa frente a nuestros ojos, nos vemos obligados a interactuar con lo que Alejandro Gonzáles Iñárritu nos quiso mostrar en su Babel.
Acá el tiempo de la historia es distinto al tiempo real, por lo que más que espectadores pasivos, tenemos que ser activos creadores de sentido. Una imagen que no conectemos al resto, deja un inmenso vacío en la trama. En Babel la historia no concluyó cuando acabaron las grabaciones y se montó la película. Más bien, se optó por una estructura abierta, en donde el receptor, por medio de diversos caminos, va hilando cada historia que se desarrolla sin aparente conexión alguna con el resto. La película no avanza con personalidad propia, sino que lo hace de la mano del público, quien realiza un movimiento progresivo mientras entremezcla las historias.
Nadie nos dice explícitamente que Richard y Susan (Brad Pitt y Kate Blanchet) son los padres de los niños que cuida la mexicana Amelia (Adriana Barraza), sino que como espectador lo presiento. La historia sólo me da las bases para poder caminar libremente por su guión. La película muestra hechos que, según el camino elegido por el espectador, darán un determinado sentido a la acción.
Pero si bien esta manera de contar historias tiene la fortaleza de mantener la atención del público durante todo momento, también tiene la debilidad de no cumplir las expectativas creadas. Esto es más notorio aquí que en otro tipo de películas, ya que en Babel, el público tiene la libertad de formar el carácter de los personajes según su propia percepción, llegando incluso a otorgarles facultades que su director nunca pensó. Cuando el público es un activo creador del sentido de la película, se siente con más derechos de exigir que lo esperado se cumpla.
Es por esto, que además del activo papel del público para armar la historia, es importante que las bases de lo que la cinta quiere representar sean claras. Los caminos son muchos y si la estructura es muy abierta puedo llegar a interacciones causales que no eran las correctas, puedo llegar a una Babel nunca pensada por el director, dejando mis expectativas inconclusas. Más allá de necesitar buenos actores o un grupo técnico de calidad, Babel necesita crear expectativas en su público que puedan ser cumplidas y que el real sentido de la película no exista sólo en el “yo” privado.

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